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Madrid

Una casa de ayer y hoy

La suma de elementos arquitectónicos de inicios del siglo XX con muebles de la década de los ‘50 aporta carácter a esta casa, que se inspira en el pasado para disfrutar del presente.

Mi Casa 28/06/2013
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Aunque a juzgar por el resultado parece lo contrario, ningún profesional intervino nunca en la reforma ni en la decoración de esta vivienda madrileña. Se trataba de un piso de los años 20 y cuando su joven propietaria se hizo con él, decidió adaptarlo a su familia sin perder el espíritu original de la casa. Apasionada de la restauración y autodidacta —bucea en prensa y en Internet para descubrir nuevas ideas— decidió sacar el máximo partido a los tesoros que le ofrecía la vivienda.

Los suelos de la casa, pavimentados con recias lamas de parqué, se recuperaron. Y solo en aquellas habitaciones donde fue imposible conservarlos, se sustituyeron por baldosas hidráulicas inspiradas en diseños de principios del siglo XX. Las ventanas de madera se mantuvieron con su carpintería, herrajes de falleba y contraventanas externas, pero se instaló un doble acristalamiento para garantizar una climatización óptima. Los techos también jugaron un papel importante: con su altura infinita y sus molduras originales, añaden un aire señorial. Y ese mismo espíritu se mantuvo en las nuevas zonas de la casa.

En medio de un entorno tan evocador, la cocina y los dos baños —que se demolieron para su nueva construcción— mantuvieron el mismo espíritu retro del resto de la casa. Los sanitarios se eligieron con una estética antigua, pero con las más novedosas prestaciones, y las bañeras se encargaron a un artesano británico experto en la reproducción de modelos antiguos. En cuanto a la cocina, se completó con detalles vintage inspirados en la Provenza.

Gran parte del éxito de la decoración de esta casa se debe, además, a su concepción del mundo como un lugar accesible. La mayoría de los muebles, originales de los años 40 y décadas posteriores, se adquirieron a través de Internet. A ellos se unen las piezas y complementos que la dueña recopiló en sus diferentes viajes. El cactus mexicano y los cuadros comprados en La Habana y Pekín son buen ejemplo de una decoración abierta, sin fronteras.        



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