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Sepúlveda (Segovia)

Una casa de campo de piedra y madera

La desconexión está garantizada en esta casa de campo, concebida para disfrutar del tiempo libre en un ambiente cálido y de estilo rústico, que da la relevancia que merece a los materiales propios de la zona.

Mi Casa 10/12/2015
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Todavía es posible disfrutar de bellos reductos de casitas de piedra, patios llenos de flores y olor a chimenea entre sinuosas calles de adoquines; muy cerca de Sepúlveda, en el Parque Nacional de las Hoces del río Duratón es donde encontramos este pueblecito y en él casas como ésta, tan especial como acogedora. Una propuesta que sorprende ya desde el umbral con una sencillez decorativa perfecta centrada en ensalzar los detalles, los recuerdos y los tejidos cálidos. Las responsables de tanto mimo en el interiorismo fueron Lola Rodríguez y Eugenia Mateos.

Una apuesta inmersa en un estilo rústico renovado, que aún conserva el sabor tradicional de los materiales naturales como protagonistas, aunque sin olvidar los complementos con color, los estampados llamativos y ciertas piezas aisladas de aire retro. Una mezcla —que por sí sola funciona de maravilla— armonizada bajo el manto del blanco como color predominante. Las notas cálidas, tan necesarias a la hora de combatir los fríos inviernos de la zona, se lograron gracias a los sólidos muebles de madera, a las numerosas alfombras que cubren el pavimento, a los almohadones y, cómo no, a las mantas de punto grueso y pelo largo.

En la rehabilitación de la vivienda encontramos dos tendencias muy diferentes; mientras que en la planta baja casi no existen tabiques en la búsqueda por los espacios comunes abiertos, el primer piso se tabicó con el objetivo de lograr intimidad absoluta obteniendo como resultado dormitorios espaciosos, cada uno con el cuarto de baño integrado. En cualquier caso el hilo conductor en ambas plantas es una decoración sosegada, luminosa y, por encima de todo, muy confortable con los materiales autóctonos como centro de atención. Los techos abuhardillados originales, de madera maciza y vigas vistas, imprimen por sí solos una personalidad arrolladora a los dormitorios, cuyas zonas de descanso se ubicaron siempre bajo las nuevas ventanas de tejado, para crear pequeños observatorios privados en cada habitación. Las alfombras superpuestas y la llamativa mezcla de estampados y colores en los textiles completan ese aire desenfadado.



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