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En esta casa, de nueva construcción, situada en una urbanización de El Port de la Selva, Girona, hay grandes ventanales que ofrecen una panorámica envidiable del entorno. A su favor, la parcela con pendiente sobre la que se asienta, dividida en tres bancales, y el excelente trabajo del estudio Martí & Sardà Arquitectes, el aparejador Sergi Monterde y la empresa Construcciones Porfit. En el nivel más elevado se encuentra la vivienda, con una espléndida terraza que recorre toda la fachada principal; en el intermedio, un solárium entarimado con piscina y en el inferior, un olivar.
Del proyecto destaca la planta, que rompe su forma lineal para aprovechar mejor las vistas y obtener mayor privacidad respecto a las edificaciones vecinas; un cambio que, además, aporta cierto movimiento a la vivienda. En cuanto al interior, la distribución se adapta a las necesidades de la familia propietaria, una pareja con tres hijos. El espacio se organizó en torno a un gran salón-comedor, con cocina integrada. Desde la zona de estar se accede directamente al dormitorio principal, con baño, y desde el lado opuesto, comienza un pasillo amplio, que conduce a tres dormitorios más y un segundo baño. La ausencia de armarios en estas habitaciones obedece a una simple razón: que todas tuvieran vistas y que
desde las tres se accediera a la terraza.
Los dormitorios se plantean únicamente como ambientes de descanso, mientras que el pasillo se optimiza con varios armarios empotrados. De la decoración se encargó la dueña, una auténtica apasionada del tema.
En el salón-comedor creó un ambiente familiar, con estilo propio y buenas ideas. Sorprende cómo organizó el estar en torno a dos mesas de centro circulares y a una alfombra desteñida en tonos azules con efecto vintage, que aglutina un sofá con chaise longue, dos sillones y tres pufs. También jugó con el contraste del claroscuro.
El sofá aporta la claridad y su luminosidad se realza, sobre todo, con la pared del fondo, panelada en gris antracita. A su vez, este color está presente en la pareja de sillones y en el mobiliario de la cocina, que es el color dominante. Para el dormitorio se decantó por la naturalidad de los tonos tostados y dejó en los juveniles, que el color en la ropa de cama tuviera más presencia, para lograr un plus de vitalidad. En el exterior, en el solárium y la piscina, diseñada como
una alberca y al borde de la pendiente, sin alterar el paisaje, reina la calma.
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