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El arquitecto Jorge Moser se encargó de la reforma de esta masía de El Ampurdán, situada en el campo y a tan sólo cinco minutos de la playa. Dividida en dos plantas y con jardín y piscina, la casa conservó su esencia al mantener la estructura y restaurar las vigas; aunque se realizaron algunos cambios para dotarla
de luz natural. Así, se ampliaron las ventanas y las puertas de acceso al jardín de modo que ahora, además de ganar los interiores en luminosidad, éstos parecen también más espaciosos, sensación a la que contribuye su mayor conexión visual con el exterior. Con las nuevas paredes, pintadas en vainilla pálido, y el pavimento de terracota, típico de la zona, el arquitecto ha devuelto
a la masía su identidad, su nobleza.
En cuanto a la decoración, el estilo rústico renovado, basado en la combinación de mobiliario de madera, tapicerías neutras y texturas envejecidas, domina en todos los ambientes; mientras que en algunos rincones, los complementos, muchos de factura artesanal, contribuyen a dar
a cada estancia aún más autenticidad.
En las zonas comunes se logra una atmósfera de quietud y bienestar, por la ausencia de colores intensos y de complementos superfluos, pero también por la especial luminosidad reflejada en las paredes y la calidez de las alfombras y las baldosas de terracota. Un esquema similar, con madera
y terracota, se repite en la cocina.
En la cocina se aprecia un cambio: se introduce el azul en las paredes, para romper la unidad cromática y ganar frescura. En el dormitorio vuelve a sentirse la calma; en torno a una cama con dosel, los tejidos patchwork y las fotos familiares se convierten en detalles que revalorizan la decoración. Para el cuarto de baño, pintura y un frente de azulejos con listelo de voluta en relieve son un fondo acorde con los diseños retro del lavabo y la grifería; también con el velador alto y la cestería que los acompaña.
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