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Enmarcada por bambú, aves del paraíso, marquesas, romero, tomillo y lavanda, se encuentra la espléndida terraza de 80 m2 de este ático, situado en Sant Cugat del Vallés (Barcelona). Con vistas a Montserrat y a la montaña de Collserola, la amplitud de su superficie fue suficiente para crear dos zonas diferenciadas —comedor y estar— unificadas por el magnífico toldo que cubre toda la terraza y por el suelo de tarima de ipe aceitada, un tipo de madera muy resistente a la intemperie. Tanto la decoración exterior como la interior es obra de la interiorista Mireia Masdeu, que supo aplicar en cada ambiente la luz, armonía y relajación que deseaban conseguir los propietarios. Unas escaleras comunican la terraza con el interior de la casa, cuya reforma
fue también llevada a cabo por Mireia. El salón, formado por un sofá con chaise longue y una butaca de fibra, se ilumina gracias a unos estantes de obra, lacados del mismo color que la pared y con luces integradas. Un baúl metálico heredado, sobre el que descansan revistas antiguas, hace las veces de mesa de centro.
La interiorista derribó la pared que dividía la cocina del salón para crear un único ambiente en el comedor con un elemento unificador: la generosa mesa-contenedor, con sobre de madera y patas y planchas de hierro lacadas al fuego en color blanco que forman el mueble de almacenaje. En cuanto al dormitorio principal, se concibió como un espacio para el descanso, dotándolo únicamente de los elementos indispensables para ello: una amplia cama, el armario y un taburete y una mesita plegable que hacen las veces de originales mesillas de noche.
El dormitorio cuenta con su propio cuarto de baño revestido con material porcelánico en gris antracita, y piedra en formato horizontal y en tonos crema. El mismo tono que la encimera del lavabo de resina y las cortinas de la ducha. Además, se optó por idéntica gama cromática de la habitación con el fin de conseguir una armonía visual y un ambiente relajado. No en vano era lo que se pretendía lograr en toda la casa.
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